VIENE GIRANDO UN ANGULO PLANETARIO

Conocí a Silvio Rodríguez gracias a unos amigos no menores- Víctor Casaus y su bella Maria Santucho- una tarde de hace ya algún tiempo. Recuerdo que nos acercamos en medio de un gran trabajo físico, cargábamos juntos un busto de Ostos, el gran luchador puertorriqueño, que le habían regalado a el, pero aquella estatua pesaba tanto!... y ambos teníamos problemas de columna... pareciendo aquello el acto del nunca acabar.

Tenia la idea de que encontraría aquella tarde a un hombre común y así fue, conocía ya su obra por suerte, o la que era conocida públicamente en aquel entonces, y tenia mucha referencia de la trova desde mucho antes, desde que estudiaba informática en San Petersburgo, para mi Leningrado, y tenia todo el tiempo del mundo para oír y ver cosas maravillosas, realmente.

Por allá hubo también un gigante que murió muy pobre, alcoholizado y hasta lo que supe en aquel entonces el día de su muerte fue una estrella del espacio llamada con su nombre: Vladivisovsk [Vladimir Visovsky]. Aquel trovador hablaba desde hace mucho de necedades y desmanes, rabias y estridencias de un sistema o de cualquier sistema, incluso del solar. Su timbre de voz era realmente estridente, tirando para feo, pero su visión y posición eran impecables, créanme que para mi era el único trovador de Rusia, aunque habían muchos mas.

Así entre yo esa acalorada tarde, de fuerza y poesía, en aquel espacio de sueños y me encontré claramente con un poeta, sencillo, amigo, sin mas detalles que el de su mirada honesta y muy cuidadosa.

Luego paso el tiempo y hasta un águila por el mar y seguimos coincidiendo en muchos momentos, musicales, informáticos, y de amistad verdadera. Silvio me enseñaba mucho de la postura humana, con sus actos, con su consecuencia de hombre nuevo y revolucionario en el mas amplio sentido de mi palabra: el de cambiar día a día, el de explorar siempre nuevas emociones, incluso el de aceptar alguna derrota por ganar una batalla. Eso y mucho mas me fue enseñando este sencillo caballero desde su poesía y hasta solo con su presencia.

Siempre me he considerado un hombre singular y a veces hasta raro, modestia aparte por lo de singular, porque no dudo en los mas mínimo al cuestionar algo, sea del tamaño que sea y siempre con el único espíritu de cambiarlo para bien, de unirlo en una idea justa, de conseguir para mi y para los míos lo mejor que pueda dar.

El ángulo planetario de ese reino de todavía, mi reino insistente en toda mi existencia y en mis imágenes, es una de las visiones mas abiertas que he tenido en mi vida porque, desde el tema hasta mis imágenes, desde mis fotos hasta su poesía, hay lo mismo: una especie de acertijo de cuestionamientos constante, solo para intentar entender esa esquina gris que bordea la idea de lo que quiere ser este mundo, esa esquina que vemos cada vez que nos sentimos agredidos, cada ves que queremos chocar con el universo, impactarlo con toda la furia de una metáfora, una mirada o de una flor. Y el ejemplo de la flor aparece en mi siempre, porque es la forma mas sencilla de ejemplificar a una revolución, es eso que es capaz de nacer y morir con humildad y decoro, es eso que no teme a marchitarse porque sabe que es parte de un sueño mayor, tal ves de un jardín, es la imagen mas sencilla que pulveriza tus ojos y que te hace siempre vibrar.

Creo que después de oír a Waldo Leyva hablar de esta serie de imágenes me seria un tanto difícil explicarlo. El poeta dio en sus palabras maravillosas lo que el considera es uno o varios de los puntos de vista y acertó, porque esta alaridosa serie de imágenes tiene ese sentido: El de liberarte la mente, abrirte el corazón, hacerte disparar fuego, en este reino de todavía, y desde tu propio ángulo planetario.

Agradezco a Silvio, entonces, porque una ves aunáramos fuerzas juntos para elevar un busto, porque una vez y por siempre se acercaran nuestros caminos en el afán de hacer la revolución, en la insistente idea de mirar lo inexplicable de esa esquina gris y desde ese nuestro ángulo, planetario, y siempre con amor.